Haití, ese país olvidado. Esa media isla sumida en la pobreza, la injusticia y el caos es hoy protagonista, no porque el mundo haya descubierto su existencia de forma casual, sino porque de nuevo ha caído sobre ella la maldición.
La destrucción, la muerte y el horror se han cernido sobre esta pobre gente, víctima de la esclavitud y el colonialismo antaño y del desprecio e ignorancia después.
Muchos no sabían ni situar este país en el mapa, ¿Tahití? ¿La Polinesia? ¿Cómo? ¿Qué está en América?
Ahora todo el mundo mira hacia el Caribe y se pregunta qué es ese pequeño país del que nadie hablaba y que resulta ser el más pobre de Latino América. De dónde sale tanta gente que ahora ha muerto, por qué nadie había evitado que vivieran de ese modo, por qué había miles de niños pululando por las calles desnutridos y abandonados...
Todos nos volcamos ahora en enviar ayuda a este pueblo desvalido, pero, ¿qué pasará cuando los medios de comunicación escojan otra noticia fresca para bombardearnos? ¿Quién seguirá recordando a los haitianos? ¿Alguien se preocupará de que tras este desastre el país pueda optar a lo que siempre se les ha negado?
Haití hoy necesita comida, agua, gasolina y medicinas. Pero siempre ha necesitado, y seguirá haciéndolo, justicia y consideración. Está en nuestras manos exigir a nuestros dirigentes que el apoyo que ahora están brindando no sea ocasional, que, por fin, Occidente salde su deuda de abuso y explotación con los descendientes de aquellos que dejaron sus vidas en trabajos esclavos para enriquecer a nuestros países.
17/01/10
La Maldición de Haití
Etiquetas: reflexiones
12/01/10
De Viaje por Senegal
No, no, no es que hayamos viajado a Senegal, que más querríamos. Bueno, realmente nos hemos trasladado al continente negro con la imaginación y no con el cuerpo. Nos explicamos.
La URV Solidaria, con Joan Fuster a la cabeza, presentó el espectáculo "de Viaje" para conmemorar el décimo aniversario de la sección dedicada a la Cooperación al Desarrollo dentro de la Universidad de Tarragona.
María Arcos, junto a dos bailarines más, nos trasladó durante unos momentos a Senegal. La música, las gentes, los olores, los sonidos todo queda genialmente mezclado en este espectáculo de danza contemporánea.
Al acabar la sesión ya estábamos pensando cuando íbamos a volar destino a Dakar. Además, María ha iniciado un proyecto de Turismo Vivencial y Solidario, tiene muy buena pinta. Si algún día paseamos por las playas rosas de Senegal seguro que nos uniremos a su propuesta.
El espectáculo es muy recomendable, así que ya sabéis, si queréis sentir la fuerza del continente negro a través de la música y la danza contactad con María Arcos, os contagiarán la pasión por África y por la danza.
Etiquetas: espectaculos
24/12/09
Las Sonrisas de la Navidad
Este año queremos regalararos cientos de Sonrisas de unos seres muy especiales, los miles de niños que han encontrado una segunda oportunidad junto a Jaume y a su grupo de colaboradores de Sonrisas de Bombay.
Que la gran Sonrisa de la Navidad os acompañe en estas fiestas y para siempre.
¡ Feliz Navidad !
Etiquetas: sonrisas
21/12/09
De Paseo por el Delta del Ebro
¿A ver qué hacemos este fin de semana que es el puente de la Constitución?
No podemos irnos muy lejos porque Sonia está liada, ¿quién nos puede ayudar? Mira en Atrápalo han añadido escapadas y excursiones. Un vistazo rápido y damos con una de bicicletas en el Delta del Ebro, pues nada, ahí que nos vamos. Además, aprovecharemos para pasar por Tortosa para celebrar el cumpleaños de Joana. El día de la Inmaculada Concepción tiene buena pinta.
Ahora ya lo sabemos, cuando no sepamos que hacer le pegaremos un vistazo a la web de Atrápalo, a ver que nos comentan. Juan se pregunta "¿Qué hay que hacer para trabajar en un sitio donde vivas de los viajes?"
Hacemos la reserva de las bicicletas. En breve se ponen en contacto con nosotros y nos confirman las fechas, el importe y el lugar de recogida. Un servicio muy eficiente, por eso están pegando tan fuerte en el sector del eTurismo. Nosotros no participamos en su última campaña pero era realmente imaginativa, viajar por la patilla o pagar un precio justo, ¿tu pagarías?
Bueno, al grano de arroz que para eso vamos al Delta, humor de Juan. Salimos tarde de casa, cómo no, hemos empeorado con los años. Qué bien, vamos a poder estrenar en carretera nuestro "nuevo" coche, se agarra bien y responde perfecto, "Te gusta conducir". Con una hora de retraso sobre el horario previsto nos plantamos en la Plaza del Coc de Sant Carles de la Ràpita. ¿A ver si encontramos la agencia? ahí está "Natura i Aventura". La agencia no sólo ofrece alquiler de bicis, también ofrece barranquismo, kayak y otras actividades que combinan naturaleza y aventura en las comarcas de "les Terres de l'Ebre", los tendremos en cuenta para próximas escapadas.
Ya tenían preparadas nuestras bicis. Muy atentamente nos informan de los posibles recorridos por "lo Delta" y de las distancias. Como no somos unos cicloturistas muy experimentados optamos por un recorrido de tres horas por los canales del Delta.
Antes de salir compramos unas naranjas en la frutería que se encuentra en la misma plaza. Hay que combatir los constipados, nada mejor que la vitamina C natural. Ummm ¡qué buenas!
Salimos bien equipados, casco en cabeza y culo en asiento. Primeras discusiones, "que es por aquí, que no". Finalmente, Sonia cede y se fía de "gps man" Juan, cada día nos parecemos más a los Roper.
Nos cruzamos con otros ciclistas, algunos parecen profesionales. Saludamos a algunos pageses que se encuentran trabajando la tierra. No sabemos si es época de recogida del arroz, nos parece que no, que desconectados estamos de la tierra. Los campos no están muy verdes, los canales están inundados. Un paraje natural a tan pocos kilómetros de casa, nos repetimos "esta experiencia hay que repetirla más a menudo".
La bicicletada por los campos de arroz nos transporta a Yangshuo en China. Allí también disfrutamos mucho de los paisajes y de la gente, a pesar de la solana que caía y que por poco acaba con Sonia. Parece que fue ayer y ya hace más de dos años, el reloj de la vida cuenta las horas de manera inexorable.
Hacemos una parada para observar las aves en la laguna. No hemos podido ver flamencos, lástima porque según nos han comentado en "Natura i Aventura" ahora es la época. Sonia está un pelín reventada, el asiento no le sienta muy bien a sus posaderas. Unas mandarinas y un plátano para recuperar fuerzas y otra vez a rodar. Juan, como buen hombre, no encuentra la fruta en la bolsa, la pobre Sonia con su dolor de piernas y de trasero tiene que bajar del mirador a buscarlas, "están aquí, nunca ves nada", qué bonito es el amor.
De vuelta vemos algunos cazadores de patos. Sonia muestra su repulsa ante esta actividad, "¿cómo pueden disfrutar matando animales, es un deporte? lo dudo".
Otra hora y media de paseo de vuelta hasta Sant Carles y ya hemos cubierto la mañana. La excursión nos ha pasado factura, a Sonia en forma de agujetas y a Juan con sus pantalones preferidos rotos, aún así, ha valido muchísimo la pena. Dejamos las bicis y comentamos la jugada con el responsable de la tienda, nos comenta que la próxima vez nos podríamos acercar hasta el mar, hasta la playa del Trabucador. Lo tendremos en cuenta. Combinación perfecta, naturaleza y deporte.
Recogemos el coche y para Tortosa que nos vamos. Hasta la próxima Delta nos volveremos a ver muy pronto.
Después de observar lo maravilloso que es el Delta y la riqueza ambiental que supone entendemos mejor las campañas que se lanzaron desde las "Terres de l'Ebre" en pro de su defensa, "Defensem lo Riu".
* Las fotos de portada son de Carlos Garciapons que muy amáblemente nos las ha cedido, muy buen amigo y crack de la fotografía.
Etiquetas: escapadas
13/12/09
Aborígenes, los Intocables de Australia
Hace unos veinticinco mil años, esta tierra roja fue poblada por un pueblo que supo adaptarse al medio, la cuidó y respetó por lo que ésta le aportaba para su supervivencia. De una generación a otra, fueron aprendiendo la cultura de sus ancestros, basada en la comunión total con la Madre Naturaleza.
Hoy, ese pueblo espiritual de rica cultura, que ha cuidado con mimo el entorno, se encuentra extranjero en su propia tierra. Se han convertido, como si de un castigo divino se tratara, en un pueblo olvidado, antaño incluso perseguido.
Años atrás, fueron tratados peor que los animales, considerados no humanos, exterminados casi hasta su total extinción, despojados de su tierra y de sus hijos.
Hoy, a pesar del perdón formulado por el gobierno australiano, siguen siendo los olvidados, los intocables que vagan alcoholizados por las calles de las grandes ciudades, desesperanzados y rehuyendo de la cruel realidad que no quieren vivir.
Un pueblo que vivió libre y conocía todos los misterios de la Naturaleza, que tenía en sus lugares sagrados su centro vital, religioso y cultural, ve como su única posibilidad de seguir poblando su querida tierra australiana es estar recluidos en comunas, dónde algunos blancos voluntarios (no partícipes de esta barbarie colonialista) intentan devolverles un poco de dignidad.
Nos viene a la memoria el gran monolito Uluru, su antiguo centro ceremonial y sagrado, bello, mágico e imponente. A pesar de ser un punto muy especial para este gran pueblo, hoy está totalmente poblado por turistas, algunos de ellos tan poco respetuosos que lo ensucian y lo trepan peligrosamente, aunque se informe de que supone un sacrilegio para los verdaderos autóctonos.
Siguen pasando los años y aún sobra tanta hipocresía y prepotencia del hombre blanco, falta tanto respeto y comprensión...
Etiquetas: australia
17/10/09
Australia is awesome !!!
Último gran viaje realizado, a finales de Septiembre de 2009 nos fuimos a las antípodas, Australia fue nuestro destino. El año anterior ya quisimos ir a Nueva Zelanda, no pudo ser. Este año sí que ha sido posible. Después de tener que retrasar el viaje, a mediados de Septiembre cogimos el avión con destino a Singapur, primera etapa de nuestro vuelo transcontinental. Volamos vía Singapur porque pensamos que era la manera más relajada de viajar desde Barcelona. La otra opción es volar vía Londres.
Otra vez, parece que estemos abonados a Air France, la mejor oferta fue la de la aerolínea francesa. Vuelo de ida y vuelta Barcelona - París - Singapur por 660Euros. De Singapur volamos a Darwin por 100Euros ida y vuelta con JetStar. En total unos 800Euros, no es un mal precio para volar a las antípodas desde casa.
El vuelo lo pillamos con AsesorTravel. Anna es especialista en Australia y nos dio buenos consejos para el viaje, algunas recomendaciones, los lugares imprescindibles y lo más prescindible. Gracias.
Al ser un país tan inmenso hemos realizado los trayectos internos en avión, aquí nos hemos dejado una pasta. Es una lástima que Qantas no ofrezca ningún bono, como pilles malas fechas te dejas la mayor parte del presupuesto en los avioncitos de marras. Hemos volado con la mayoría de compañías que operan en el país: JetStar, Qantas y Virgin Blue. Sólo nos ha faltado por probar Tiger Airways. Para obtener las mejores tarifas utilizamos Wego.com, busca en todas las aerolíneas y portales de viajes, va bien para saber que compañías realizan cada trayecto.
También alquilamos un par de vehículos. Muy importante, antes de salir de España recuerda obtener el Permiso de Conducir Internacional, sino te puedes quedar con las ganas de conducir por la izquierda por tierras australes. En Darwin alquilamos una furgoneta que ya habíamos reservado desde España. Creemos que es mejor hacerlo con antelación no vaya a ser que te quedes sin. Tenéis varias páginas para ver furgonetas:
- Backpackers Campervan: nuestra elección, Mitsubishis antiguas pero cómodas
- Wicked campervans: las más molonas, las que llevan aire acondicionado son modernas
- Jucy backpackers: no se encuentran por toda Australia, son furgonetas nuevas
El coche de alquiler lo cogimos en Melbourne, lo alquilamos un par de días antes de llegar a Melbourne vía Internet con Europcar. Os explicamos nuestra experiencia con los seguros de coche aussies. Al precio que te indiquen tienes que añadirle los seguros adicionales que quieras contratar para reducir la "Franquicia". Nosotros nos decidimos por un todo riesgo para no tener sorpresas. El precio del seguro era igual al precio del alquiler base, por eso nos salió el alquiler por 300AUD y no por 150AUD. Además, tened en cuenta que si váis a transitar por autopistas deberéis pagar los peajes. Obvio ¿no?, os lo decimos porque no funcionan como aquí, sino que debes llamar a un teléfono una vez has pasado y dar tu tarjeta de crédito, curioso.
Para verificar varios precios tenéis las páginas siguientes:
A Juan particularmente le gusta mucho Wego.
Para preparar el viaje utilizamos como no la Web. En castellano encontramos la web de Marc Coral, mucha información de su viaje y muy bien organizada. Otros recursos fueron la web de la red de albergues de Australia, y como no, el foro de viajes de Lonely Planet en español. En este caso compramos la guía de Australia de lonely planet en inglés, a través de Amazon se pueden encontrar verdaderas gangas.
En cuestión de films podéis ver muchos relacionados con Australia. Después de regresar revisamos de nuevo "Priscilla reina del desierto", vaya recuerdos del Outback, y "La boda de Muriel", que pasión tienen los australianos por Abba.
Después de tanto preparativo tocaba perdernos un poco por tierras australes. Hemos paseado y nuestros pies han pisado:
- Darwin y el Parque Nacional de Kakadu
- The Outback: Kings Canyon, Olgas, Uluru
- Great Ocean Road en Melbourne
- Sydney
- Gran Barrera de Coral, el Parque Nacional Daintree y Port Douglas
Ver Australia en un mapa más grande
La situación de los aborígenes, Sonia los bautizó como los intocables de Australia. Todos los países tenemos nuestras malas historias y Australia tiene que arreglar el estropicio que montó con los pobres aborígenes, parece que algo se está andando pero aún queda mucho camino. El reciente recocimiento de las atrocidades cometidas por el gobierno o la llama portada por Cathy Freeman en los juegos olímpicos de Sydney en el 2000 son pequeños pasos a favor de la restitución de la dignidad, jamás debieron perderla, esta era su tierra.
¿Nos ha gustado el país y la gente?
Sí, mucho. Sobre todo el "No Worries", "No hay problema". Los australianos saben disfrutar de la vida. Para que os hagáis una idea del impacto que nos ha causado el viaje, sólo deciros que Sydney sería la ciudad a la que nos mudaríamos sin dudarlo, la mejor en la que hemos estado en estos casi diez años de viajes.
Acabaremos de manera positiva. ¿Os lo recomendamos?, pues claro que sí.
Podéis leer todos los artículos en un formato más amigable, pincha sobre la imagen y verás nuestro viaje en formato libro, que lo disfrutéis.
Cool Bananas !
Etiquetas: australia
Kakadu, la memoria de los aborígenes
A las 10 de la noche sale nuestro avión destino Darwin, esa es la respuesta de Juan a la pregunta que formula Sonia. Estamos en Singapur parada previa a nuestro desembarco en Australia. Con tres horas de antelación nos presentamos en el aeropuerto Changi de la ciudad-estado, comemos algo y sin darnos cuenta ya nos encontramos delante de la puerta de embarque. Es verdad, el momento tan esperado ya llegó, el avión de Jetstar enfila la pista y sin darnos cuenta ya hemos dejado atrás el Sudeste Asiático y ya estamos sobrevolando Oceanía. Tras cuatro horas y media de vuelo la señal de cinturones abrochados se enciende, estamos preparados para aterrizar en la tierra de los aborígenes, la tierra que el capitán James Cook reclamó para la corona británica en el siglo XVIII.
Son las cinco de la madrugada y en Darwin ya amanece. Después de desembarcar hay que pasar el control de aduanas y el control de alimentos y semillas. Sí, en Australia y a la llegada desde el extranjero controlan que no lleves ningún alimento ni semilla que pueda alterar el hábitat austral. Nosotros ya estábamos avisados, nuestro amigo Raul, él sí que debería escribir un libro sobre su vida pero eso es otra historia, ya nos lo había explicado. El control lo realiza un simpático perro, Sonia se quedó prendada y no paraba de repetir "qué mono", que escudriña las bolsas en busca de cualquier agente extraño.
Por fin, ya estamos en suelo australiano, cuan afortunados somos de haber llegado hasta aquí. Oceanía ha cubierto nuestra vuelta al mundo, ya hemos visitado los cinco continentes. Quien se lo iba a decir a Juan cuando aún siendo adolescente soñaba con viajar mientras escuchaba en la radio la historia de unos españoles que se habían trasladado a Costa Rica, o a Sonia cuando realizó un viaje a Holanda que ya fue para ella toda una quimera. A veces los sueños se tornan en realidad.
Del aeropuerto nos dirigimos a la ciudad de Darwin. Subimos al shuttle bus (12AUD) y en treinta minutos nos plantamos ante nuestro alojamiento "Gecko Lodge". La primera impresión es desalentadora, la mugre y el nauseabundo olor a una noche de juerga desenfrenada nos dan la bienvenida. Pero hoy debe ser nuestro día de suerte, la chica de la recepción nos comenta que nuestra reserva no estaba confirmada y que desgraciadamente no podíamos quedarnos en su maravilloso lodge. Ella misma llamó a "Elkes Backpackers" y allí que nos dirigimos, dejamos atrás el Cutre Lodge como Sonia lo rebautizó. La habitación doble en Elkes nos costó 65AUD.
Por fin podemos dejar las mochilas y tumbarnos un rato para ajustar nuestro cuerpo al jetlag. El sol se hace más presente en Darwin y a medida que el día avanza nos damos cuenta de un detalle que nos acompañará durante los cuatro días que pasamos en el norte de Australia, ¡¡¡ qué calor hace !!!. Treinta y cinco grados de media con un noventa por ciento de humedad, Juan parecía una regadera andante. Para sofocar este calor hay que meterse en alguna piscina o encerrarse en algún local con aire acondicionado.
Darwin en sí no tiene nada especial, los Jueves y Domingos el Mindil Market y poco más. A nosotros nos sirvió de descanso tras el vuelo transoceánico y como puerta de entrada al parque nacional de Kakadu.
Después de una noche de sueño reparador nos dirigimos al punto de recogida de la furgoneta de Backpacker Campervan. Para visitar Kakadu NP nos aventuramos a conducir una furgoneta selfservice; es decir, cocina y cama todo en uno. 300AUD por tres días de alquiler con seguro a todo riesgo y equipo de camping, no era un mal precio. Una recomendación, si cogéis algún vehículo en el Norte de Australia no se os ocurra cogerlo sin aire acondicionado. El calor es muy sofocante y extenuante; para que os hagáis una idea, el primer día hicimos una siesta en la habitación y no pusimos el aire acondicionado. Nos sentimos como drogados, sin fuerzas, el calor se apoderó de nuestros cuerpos y nos dejó en un estado de letargo del que no podíamos salir. Finalmente nos liberamos de él con un baño en la piscina del albergue.
Después de recoger la furgoneta, la oficina de Backpacker Campervan se encuentra a las afueras de Darwin y tuvimos que coger un taxi por unos 30AUD, nos dirigimos hacia el Parque Nacional de Kakadu, el motivo principal por el que habíamos venido hasta las lejanas tierras del Territorio del Norte. La carretera hasta el parque se encuentra en muy buen estado, condujimos 250 kilómetros primero por la Stuart Highway y posteriormente por la Kakadu Highway, unas tres horas de conducción. Por la carretera nos cruzamos con algunos coches, los termiteros más grandes que hemos visto jamás y con los temidos trenes de carretera, bestias motorizadas de hasta cinco remolques que a toda velocidad cruzan las carreteras australianas.
Nuestra primera parada fue en el centro de visitantes de Bowali. El centro es parada obligada para gestionar la visita al parque. Cogimos información del parque: fauna, flora, caminatas, arte aborigen ... Además, asistimos a un audiovisual muy interesante sobre las estaciones del territorio del norte y como éstas afectan al paisaje. Como dato anecdótico, nos sentimos como en la película de "Lost in translation", tantos años estudiando inglés para no acabar entendiendo nada. Salimos con el convencimiento de que tenemos que mejorar nuestro inglés de "Cambrils" para que acabe siendo de "Cambridge".
De Bowali nos dirigimos rumbo sur a Cooinda, allí hicimos noche en el camping (45 AUD) y contratamos el crucero por el Yellow River para las 6 de la mañana del día siguiente (90 AUD). Esa noche cayó el diluvio universal, presagio de la temporada de lluvias que se preparaba. El clima de la zona se divide en dos estaciones la seca y la de lluvias. Es importante saber en que época se va a visitar el parque, la mejor época es la seca que comprende de Mayo a Octubre.
A las cinco de la mañana ya estábamos en pie y al crucero que nos fuimos, el despertar del río y de la vida a primera hora de la mañana es espectacular. Aves, cocodrilos, todos por igual dan la bienvenida al nuevo día, los descendientes de los saurios sigilosamente a la espera de su presa matutina y las aves con algarabía. Todos saludan al sol que vuelve a irradiar energía para una tierra virgen y exuberante de vida.
Al finalizar la excursión y antes de que el calor se haga más insoportable nos dirigimos en nuestra furgoneta a Nourlagie. En este centro realizamos una caminata de una hora aproximadamente donde pudimos ver restos de pinturas rupestres aborígenes. Los paneles explicativos complementan la visita y dan a conocer la rica cultura de los primeros habitantes de estas tierras, como vivían y principalmente como utilizaban las pinturas para enseñar a los más pequeños las tradiciones y las formas de vida de unas comunidades que vivían en completa armonía con la naturaleza.
Desde este paraje tan impresionante de Nourlagie nos dirigimos hacia Jabiru. Nos quedamos en un camping a la entrada del pueblo, 25AUD. Con el sol que caía al mediodía nos fuimos directos a la piscina, que bien sienta el agua fresca cuando el sol broncea la piel de manera implacable.
A última hora de la tarde, las 18h, nos fuimos a Ubirr a 40 kilómetros de Jabiru. Esta zona también tiene restos de arte rupestre aborigen y además muestra unas vistas espectaculares de la planicie que en época de lluvias se encuentra completamente inundada. Asistimos a la explicación de una guarda del parque, hablaba con pasión del espíritu del parque. La hora de la visita a Ubirr no fue casual, las vistas que ofrece la puesta de sol son mágicas. Además, nos regaló la visión de nuestros primeros canguros. El atardecer en Ubirr fue uno de los mejores momentos de nuestro paseo por Australia.
Algunos os preguntaréis porque no visitamos las Jim Jim falls, sencillo, si no dispones de un 4x4 no se puede acceder a esta parte del parque. Así es que si tenéis intención de visitarlas ya sabéis el tipo de coche que debéis alquilar. La otra opción es con una excursión, algo caras desde nuestro punto de vista, sobre unos 190AUD.
Ya de vuelta al camping a cenar y a dormir en nuestra furgoneta. Al día siguiente teníamos que devolver el vehículo y tomar un avión rumbo a nuestro siguiente destino, Alice Springs en el Outback.
Uluru, Kata Tjuta y Kings Canyon, paseando sobre la tierra roja
Paseando sobre la tierra roja, así titulamos esta entrada. Queremos honorar de esta manera el libro que Francesc Escribano escribió sobre la figura de Pere Casaldàliga.
Tres días en el Outback dan para mucho, paisajes nuevos, olores y sensaciones hasta ahora desconocidas. El desierto nos deparó muchas sorpresas.
Llegamos a Alice Springs en el vuelo de Qantas procedente de Darwin. Era ya media tarde cuando se anunció la llegada al aeropuerto de Alice. Un fuerte viento lateral hizo poner a Sonia en tensión, Juan como si eso fuera normal ni se inmutó. Al aterrizar conocimos a una profesora australiana que nos dijo que ese viento y el aterrizaje no habían sido muy normales, el viento del desierto nos jugó una mala pasada. La profesora era de la zona de Melbourne, una señora muy simpática, con ganas de hablar y de conocer gente nueva. Nos explicó que daba clases de inglés en las comunidades aborígenes, se mostraba entusiasmada y orgullosa de su trabajo a pesar de las condiciones de vida de los autóctonos de estas tierras, según ella misma vivían en el tercer mundo. Más tarde en Alice pudimos observar que las palabras de la profesora desgraciadamente eran bien ciertas.
Volvamos al viaje, del aeropuerto de Alice nos dirigimos a la ciudad, 15 minutos escasos en un shuttle bus, 29AUD ida y vuelta. El conductor del autobús comenzó a decir "guay eich ei guay eich ei", no nos dimos por aludidos; acto seguido alguien dijo "youth hostel" y entonces caímos en que nos estaban llamando a nosotros. Después aprendimos que aquí a los albergues internacionales les llaman por las siglas YHA. El albergue Pioneer está muy bien, una gran cocina comunitaria y habitaciones cómodas, recomendable al 100%.
Alice Springs es un pueblo al pie de la Stuart Highway, a medio camino entre Adelaida y Darwin, a unos 1500 kilómetros de cada una de estas dos ciudades, aquí al lado. Nos encontrábamos en medio de ninguna parte, desierto por aquí, desierto por allá. El pueblo se concentra alrededor de cuatro calles. Hoteles, restaurantes y agencias de viajes forman el paisaje. Es un pueblo que sirve como base para enfrentarse al Outback y su icono más famoso, el Uluru. A parte de los locales para turistas, el paisaje también lo forman los aborígenes, alcoholizados, tristes y perdidos, este tema ya lo trataremos en una entrada dedicada a los intocables de Australia.
De Alice al Outback y al Uluru. Para realizar el viaje escogimos la agencia "The Rock Tour", todo un acierto. Contratamos el viaje a través de YHA. Nos costó 345AUD la excursión de tres días en camping con la visita al Kings Canyon, Kata Tjuta, Uluru y un par de noches en el albergue. También se puede realizar la excursión por tu cuenta con un coche de alquiler, nosotros preferimos no hacerlo porque las distancias son enormes, más de 400 kilómetros en línea recta por buenas carreteras aunque por momentos inhóspita y solitaria.
A las 6 de la mañana partía nuestro tour. Puntual, se nota la herencia británica, apareció Sarah, la conductora, cocinera, guía y chica para todo, en nuestro argot la podríamos denominar como una chicarrona. Sarah lideró el grupo perfectamente por el desierto rojo, un grupo de veintiún aventureros de diferentes nacionalidades.
Cuatro horas después de dejar Alice llegamos a nuestra primera parada, Kings Canyon. Magnífico cañón, uno de los más viejos del mundo. Para visitarlo hicimos una caminata de unas tres horas, bastante asequible para todo el mundo. El paisaje es espectacular, además, no hace mucho calor, más bien hace fresco, clima perfecto para realizar una caminata agradable. Preguntadle a "Priscilla reina del desierto" por la caminata de Kings Canyon.
Después del trekking otra vez al autobús, carretera y otros 400 kilómetros destino al parque nacional de Uluru y Kata Tjuta. Comemos en el autobús un sándwich, algo muy común por estos lares. El sol se va poniendo en el horizonte y una gran roca se empieza a divisar. La emoción nos inunda, algunos susurramos "mirad el Uluru". Sarah nos indica que estamos equivocados, es el Monte Conner, conocido como el Uluru de mentira. No es el original pero no por ello menos espectacular.
Primera parada antes de llegar a nuestro campamento. Nos bajamos todos y siguiendo las instrucciones de Sarah recogemos ramas secas, grandes y largas que servirán para preparar el fuego de campaña. Nos ponemos perdidos, Juan está en su salsa, tirando de esta rama, clavándose una astilla en la palma de la mano, tiznándose la ropa y la cara, vaya que está disfrutando como un chaval. Una vez recogida la leña hay que cargarla en el autobús, el pasillo se convierte en un almacén improvisado, hay que saltar por encima de las maderas para llegar a nuestros asientos. Esta excursión cada vez nos gusta más.
La noche comienza a caer y finalmente llegamos a nuestro campamento nocturno. En el desierto, a unos 100 kilómetros del Uluru y en medio de ninguna parte. Sólo se oye el silencio. Como dicen por aquí, Awesome (Fantástico). Sarah preparó el fuego y la cena, todos colaboramos, fue un trabajo en equipo. Después de algunas cervezas y algunas historias nos metimos en nuestro saco-tienda (swag) y a dormir acompañados por la luz de las estrellas que titilaban bajo el cielo australiano. Buenas noches, sweet dreams.
A las 5 de la mañana ya estábamos todos en pie. Sarah nos transmite su energía, ¿será la magia del desierto la que despierta en ella esa vitalidad? Un desayuno rápido y todos al autobús, caras somnolientas, otras ya bien despiertas y ante todo muchas ganas de afrontar un nuevo día en el desierto rojo. Tras una hora y media nos plantamos ante la puerta del parque nacional "Uluru y Kata Tjuta". En primer lugar nos dirijimos a Kata Tjuta, esta formación rocosa se compone de varias montañas, la más famosa The Olgas. El trekking no dura más de una hora a través del Valle de los Vientos, el paisaje es otra vez sensacional. Formas moldeadas por el paso de los milenios, por el viento que golpea la roca y le da forma.
Parada para reponer fuerzas y destino al centro de visitantes del Uluru. Leemos algunos de los plafones donde se explica la historia de los aborígenes, la historia del parque y la historia de integración entre el hombre blanco y los dueños de estas tierras, según la dirección del parque "Working Together". Los guardas quieren aplicar las técnicas que los aborígenes siguen desde el origen del Dream Time. Nosotros aún nos planteamos si realmente trabajan conjuntamente, pocos guardas aborígenes vimos. Aún y así, daremos un voto de confianza a los rangers del parque.
A continuación nos fuimos a ver la maravillosa roca, el Uluru. Tiene algo especial, emana energía, buena energía. En nuestra primera visita dimos una pequeña vuelta alrededor de "The Rock" y al atardecer disfrutamos de la puesta de sol. A medida que el sol se pone en el horizonte el Uluru nos deleita con cambios de color, del marrón pasa al amarillo y finalmente se oculta en la oscuridad de la noche.
El día se ha acabado, esta noche dormimos en el camping de Ayers Rock. Nos damos una ducha y nos adecentamos un poco, se agradece algo de agua en el cuerpo después de dos días paseando por el desierto rojo. Sarah prepara otro fuego y otra vez al saco, antes de cerrar los ojos vemos el destello de una estrella fugaz, pedimos un deseo. Cerramos nuestros ojos con la esperanza de que la estrella guíe nuestro camino hacia tí.
Wake up boys and girls, estas palabras resuenan en nuestros oídos. Son las cuatro y media de la madrugada y Sarah ya está en pie preparando de nuevo el fuego y calentando el ambiente. Hay que levantarse muy temprano para dar la bienvenida al día frente al Uluru. Otra maravillosa visita. Los colores, ahora más cálidos, van tomando la roca, el sol aparece en el horizonte y la piedra sagrada de los aborígenes se despereza y muestra su mejor cara a los miles de curiosos que nos encontramos frente a élla.
Es hora de recorrer los nueve kilómetros que rodean la roca. Antes de empezar Sarah nos explica el porqué no hay que escalar el Uluru, hace una muy buena comparativa: A que vosotros no escalaríais una catedral, pues pasa lo mismo con el Uluru, es la catedral de los aborígenes. A pesar de esta reflexión siempre hay personas que no tienen en cuenta el carácter religioso del lugar y profanan la roca; será que se sienten más poderosos o será que definitivamente son estúpidos, ellos mismos. Nosotros desde aquí os pedimos ¡No escaléis el Uluru!, Do not climb Uluru!.
Ahora pongamos algo de humor a la visita del Uluru. Una de las partes más sagradas de la Roca tiene un nombre bastante particular.
Vaya cara pusimos al leerlo, vosotros mismos. Fue la broma de nuestros compañeros de viaje, como sabían de nuestra procedencia hispana todos nos preguntaron por el significado de estas dos palabras "Mala ...". Vaya bromas que deparan los idiomas. Toni, como buen lingüista, seguro que podría explicarnos muchas más.
A las 12 del mediodía recogemos todo y otra vez a la carretera, nos esperan cuatro cientos kilómetros de vuelta a Alice Springs. Unas cabezadas y unas risas y ya avistamos el cartel de entrada a la antigua capital del oro. Son las cinco de la tarde y ya estamos de vuelta al albergue, hace una buena tarde aunque un poco fresca. Damos una vuelta por el centro y compramos un cuadro a una señora aborigen, es una forma digna de ganarse la vida para las familias de los intocables de Australia.
Antes de ir a cenar pasamos por el Coles a comprar alguna cosa para el desayuno del día siguiente. Allí vemos a la familia aborigen como paga con el billete que hacía escasos minutos había servido como contrapartida al cuadro acabado de vender, a esto llamamos nosotros aplicación del comercio justo en Australia.

Como fin de fiesta a los días en el desierto nos reunimos la gente del grupo en Toddy's para cenar. Unas cervezas, un steak y un músico tocando en directo, cena tradicional australiana. Pero como estamos en el desierto tenemos otra sorpresa, a Juan ni se le ocurrió acercarse pero Sonia, la amante de los animales, no lo dudó ni un momento.
¡Sí, sí! la serpiente es de verdad.
A las tres del mediodía sale nuestro vuelo de Qantas destino a Melbourne, la Great Ocean Road nos espera.
El paseo por el desierto rojo fue fantástico, los paisajes y los compañeros de viaje nos hicieron pasar tres días inolvidables. Gracias a Sacha, Marko y a Sarah por compartir vuestras historias con nosotros, no os olvidaremos.
Cool Bananas !!!
Great Ocean Road, el encuentro con los Koalas
Cuando preparábamos el viaje a Australia tuvimos ciertas dudas sobre la Great Ocean Road, ¿valdría realmente la pena pasar un par de días en la carretera de la costa? Anna, de Asesor Travel, nos dijo que sí, que sí valía la pena. Siempre hay que seguir las recomendaciones de una experta, pues nada, allí que nos fuimos, la Great Ocean Road nos esperaba.
En Alice Springs, y después de haber pasado cuatro días geniales en el desierto con Sarah, Sacha y Marko, nos dispusimos a coger otro avión esta vez destino al sur, destino Melbourne, ahora sí que estaríamos en las Antípodas, muy, muy lejos de casa.
De Alice a Melbourne sólo vuelan dos compañías, Tiger Airways y Qantas. Nosotros volamos con Qantas, el trayecto más caro que cogimos en Australia. Una recomendación, si tenéis que volar dentro del territorio aussie coged los vuelos con antelación sino os exponéis a pagar verdaderas fortunas sobretodo en los vuelos al centro.
Dos horas después del despegue ya se veía el countryside típico victoriano, Melbourne ya se encontraba bajo nuestro pies. Aterrizaje normal, sin contratiempos no como el de Alice Springs. Son las cinco de la tarde y pronto anochecerá así que nos damos prisa y recogemos el Hyundai Getz que ya había reservado con Europcar. Nos ponemos en el carril izquierdo y salimos del aeropuerto dirección Anglesea, la puerta de entrada a la Great Ocean. La señalización es clara y no lleva a confusión, no nos perdemos. Nos quedamos sorprendidos al ver que en las antípodas también aplican las señales de velocidad variable como en Barcelona, si parece que nosotros hemos inventado la rueda cuando ésta ya lleva mucho tiempo inventada.
Ya llevamos una hora en la carretera y el sol empieza a ponerse, habrá que darse prisa si no queremos llegar muy tarde a nuestro destino, Port Campbell. A unos ciento cincuenta kilómetros de Melbourne divisamos la señal "Welcome to the Great Ocean Road", ya estamos transitando por la famosa carretera.
A las siete ya es completamente de noche y no podemos disfrutar de las vistas de los acantilados y las playas, decidimos quedarnos en Lorne. Compramos la cena en Woolworths y buscamos alojamiento. El albergue y un B&B no tienen plazas libres, vemos unos apartamentos en el centro del pueblo y allí nos quedamos. Pagamos 120AUD por una noche, un precio elevado para nuestro presupuesto. El apartamento era una monada y tenía de todo, una cocina muy equipada, un salón, una terraza y una habitación muy cómoda. Por una vez dimos rienda suelta a nuestra cartera. El alojamiento se llama Anchorage Motel, muy recomendable por si alguna vez os dejáis caer por Lorne.
Primera noche en la costa victoriana. Nos levantamos después de haber pasado una noche plácida en nuestro apartamento de lujo. El olor a salitre y la brisa marina invaden la terraza, que sensación más agradable. Definitivamente el mar forma parte de nuestra vida, no podríamos vivir sin él, ser vecinos del Serrallo ha alimentado esta sensación. Un buen desayuno y otra vez a la carretera, como dicen los anglo parlantes let's hit the road.
La carretera está llena de playas tomadas por los surfistas, aunque a principios de primavera no se dejan ver con facilidad. El viento y las mareas moldean una costa de formas imposibles, maravilla para la vista y pesadilla para los barcos que durante siglos naufragaron en sus costas. La sinuosidad de la carretera no permite conducir muy rápido, parecemos los del anuncio de BMW: te gusta conducir.
Al cabo de hora y media llegamos a nuestro siguiente destino, Port Campbell. Paramos en el punto de información a recoger más datos sobre la zona. Nos gusta el ambiente que se respira en esta región, ambiente tranquilo y relajado en armonía con la naturaleza y el mar.
La carretera transcurre por el Parque Nacional Otway, uno de los más antiguos del país. El parque ofrece varios caminos al visitante, nosotros realizamos una caminata de una hora. Árboles gigantes con multitud de helechos arborescentes, un sitio ideal para recargar energía de fuente natural.
En el punto de información de Port Campbell se oferta un Skywalk, al estilo del que hicimos en Costa Rica, tiene buena pinta. Después de la caminata en Otway NP nos adentramos unos cincuenta kilómetros hasta el punto de partida del paseo por la copa de los árboles. Está muy bien organizado, hay paneles explicativos sobre la flora local y aún tirando más atrás en el tiempo sobre los primeros habitantes de la zona, los dinosaurios. Un paseo a cincuenta metros de altura con una perspectiva diferente del bosque, se pueden observar animales y plantas que viven en las alturas donde el sol penetra con más facilidad, una clase de biología al aire libre.
Cómo nos gusta sentir la naturaleza, olerla, escucharla, disfrutarla y sobretodo respetarla. La Madre Tierra nos ha legado su más preciado tesoro no como su herencia sino como la herencia para nuestros hijos, ¡Respétala!.
Qué pasa, por qué están parados esos coches y por qué está la gente mirando hacia la copa de los árboles. Si la gente lo hace tendremos que hacerlo también nosotros. Paramos nuestro Hyundai a un lado de la carretera, ponemos las señales aviso y nos bajamos todo decididos a descubrir que pasaba. Elevamos la mirada hacia el cielo y antes de topar con el firmamento azul vemos una forma redondeada, oscura y peluda que se mueve con parsimonia, anda si es un koala.
Qué monos. Podemos ver a una madre con su hijo, a otro trepando por el tronco del eucalipto, y a muchos de ellos comiendo su único alimento, las hojas de eucalipto. Tenemos suerte porque lo normal es ver a estos marsupiales durmiendo. Una dieta poco calórica y la toxicidad de las hojas de eucalipto hacen que estos “ositos de peluche” duerman unas veinte horas al día, vaya dormilones.
En la Great Ocean Road se ven fácilmente, siempre en las zonas donde los eucaliptos, autóctonos de Australia, forman el paisaje. Es maravilloso ver a estos animales en libertad y nos hace sentir muy afortunados por poder disfrutar de éllos en las antípodas, sí estamos en las antípodas.
El tiempo pasa inexorablemente y el mediodía ya hace horas que nos dejó, aún nos queda el principal reclamo de la costa de Victoria, los Doce Apóstoles. Ya debemos estar cerca, el rumor de los helicópteros lo delata, los apóstoles se encuentran ahí abajo. A estas horas de la tarde el frío y la humedad se apoderan de nuestro cuerpo y del de los cientos de turistas chinos que circunstancialmente se unen a nuestro paseo. Sí chinos, el imperio del centro está creciendo y ahora exporta a miles de turistas por todo el mundo. A ver si en España aprendemos y aprovechamos este nuevo mercado potencial para alimentar la segunda industria de nuestro país.
El brillo del sol hoy no nos ha acompañado, tampoco ha calentado a los apóstoles. ¿Qué son los apóstoles?, son trozos de la costa que por la fuerza del mar y de las corrientes se escindieron y se quedaron solos frente a la ínsula. La composición de limo y tierra favorecieron a esta extirpación de la costa. Los doce monolitos fueron bautizados así por coincidir en número con los mensajeros de Jesús, a pesar de que hoy en día no todos los apóstoles se mantienen en pie. La naturaleza siempre crea formas imposibles y preciosas.
Día cansado y ahora nos queda otra hora y pico de carretera hasta Warrnambool, el final de la Gran Carretera de la Costa. Llegamos a nuestro destino y después de dar unas cuantas vueltas por el pueblo damos con el albergue. En esta ocasión Sonia se orientó perfectamente con el mapa de la Lonely Planet. El albergue Beach House es una preciosa casa que mantiene el encanto de este pueblo marinero. Preparamos la cena en la cocina comunitaria y a dormir que hoy ha sido un día lleno de sensaciones y experiencias inolvidables. ¡Cómo estamos disfrutando de Australia! Con buenos recuerdos en la memoria damos por acabado el día y nos dejamos caer en la cama. Buenas noches.
¿Por qué hicimos noche en Warrnambool?, sencillo de Julio a Septiembre las ballenas vienen a estas aguas a amamantar a sus ballenatos. Después de un desayuno a base de tostadas y café recogemos la habitación y al coche. Nos vamos al mirador desde donde se divisan a los gigantes del mar. Vemos a mucha gente en las plataformas, a ver si tenemos suerte y podemos ver alguna ballena. No fue difícil, unas sombras negras se divisan muy, muy cerca de la costa. Otra vez podemos disfrutar de estas reinas del mar, ya lo hicimos en la Península Valdés en Argentina y también en el Mar del Norte en Islandia. No por haberlas visto anteriormente dejan de impresionarnos. ¿Cómo puede ser que algunos países amparen el asesinato de estos cetáceos?
Aún no hemos acabado con esta parte del estado de Victoria. En una media hora nos plantamos en Port Fairy, un típico pueblo costero de origen irlandés. Las casas mantienen la nostalgia de los emigrantes del siglo XIX. Precioso, sé que nos repetimos mucho con los adjetivos positivos pero es que realmente esta zona vale mucho la pena. En Port Fairy visitamos el puerto y nos acercamos hasta el faro. Las olas rompiendo contra la costa desprenden todo el olor del mar. Estamos ante el fin del mundo, nosotros sólos acompañados por aves que se encuentran en época de cría. Otro maravilloso encuentro con la naturaleza.
Como fin de fiesta acabamos en la reserva Tower Hill. Una reserva donde viven libremente canguros, emus, y otros animales autóctonos de las tierras australes. Pero cómo no, el que más nos impactó fue el koala dormilón; otra vez, qué mono.
Tower Hill ofrece la posibilidad de observar a los animales en su hábitat. Ellos no se sienten amenazados, pudimos sentarnos a escasos metros de un canguro y de su cría. ¿Por qué sólo se desarrollaron los marsupiales en esta parte del planeta?, la Pachamama no deja de ofrecernos sorpresas.
Por cierto, Tower Hill reserve tiene un área de información y de tienda donde se pueden comprar productos confeccionados por las comunidades aborígenes. Nosotros compramos unos peluches que hoy descansan en casa de Carlitos y de Aina.
El tráfico va en aumento, debemos estar cerca de Melbourne. A las ocho y media parte nuestro avión destino Sydney. Llegamos al aeropuerto y antes de devolver el coche llenamos el depósito de gasolina; por poco nos olvidamos de este trámite. Le agradecemos a nuestro auto su colaboración durante los ochocientos kilómetros que hemos compartido y hacia la terminal de Virgin Blue que nos vamos.
¿Ha valido la pena pasar unos días en la Great Ocean Road? sí. Gracias Ana por tu recomendación.
Etiquetas: australia, great ocean road
Sydney, la ciudad y el mar
Mañana volamos a Sydney así que Juan entra en la página web de Hostelbookers.com y mira información sobre algunos albergue. No busca mucho y elige The Funk House, ¿será una buena elección?
Llegamos al aeropuerto de Melbourne después de pasar un par de días en la Great Ocean Road. Ha sido una bonita experiencia, ahora nos vamos a la única gran ciudad que visitaremos en Australia, Sydney. El vuelo de Virgin Blue sale con una hora de retraso, llegaremos a las tantas al albergue. Por fin, con retraso pero con una sonrisa en la boca y con buen rollo subimos al avión, No Worries. Esta gente de Virgin Blue nos recuerdan a la gente de Vueling, el estilo desenfadado es muy particular de estas compañías, que tengas un buen vueling.
A las once pasadas aterrizamos en Sydney; a esas horas intempestivas no hay ningún autobús, sólo nos queda el tren. Cogemos el primero que pasa, el billete no es muy barato, unos 20AUD sólo ida. En poco menos de treinta minutos llegamos a la parada de Kings Cross. Es tarde y estamos cansados, las mochilas pesan lo suyo y aún no hemos probado bocado desde el mediodía. A ver que nos encontramos en la calle, seguro que no hay nadie y está todo oscuro. Las primeras impresiones no son muy halagüeñas. Gente olvidada y perdida tirada en el suelo, todas las grandes ciudades adolecen del mismo problema, eres invisible entre tanta gente. Ponemos nuestros pies en la calle y ... ¡pero esto que es! hemos aterrizado en Sodoma y Gomorra. La calle Darlinghurst es una mezcla ecléctica de locales de luces rojas, discotecas y restaurantes, todo junto y bien avenido. Parece que hemos elegido una buena zona para estar, lástima que nosotros no somos muy marchosos, la calle no tiene desperdicio, una calle de perdición a la hora de las brujas, ya lo sabéis si os perdéis en Sydney. Según nos comentaron la ciudad es bastante segura, por lo tanto no hay nada que temer.
En cinco minutos nos plantamos en The Funk House, que tampoco tiene desperdicio aunque eso lo dejamos para el final. Nos recibe una chica canadiense que destilaba cierto morbillo según Juan. Sonia ni cae en eso, está tan cansada que sólo dice "tengo hambre y sueño". Sonia se vuelve muy peligrosa, mejor no tentar a la suerte. Tiramos las mochilas en la habitación. La vista de la trastienda será nuestra ventana durante tres días; mal menor si tenemos en cuenta el jaleo que se intuye en Sodoma street, poco íbamos a descansar. Volvamos al tema de la comida, Darlinghurst está lleno de restaurantes, garitos y otros locales donde saciar el apetito. En nuestro caso nos quedamos en el local de un señor de Bangladesh. Cenamos unas samosas que nos sentaron de maravilla a esas horas de la noche, Juan le dijo a Sonia "corre que son las doce y las personas de mal vivir toman las calles ¿quieres que nos unamos a la fiesta?".
Buenos días Sydney. El día despierta nublado y algunas nubes amenazan con descargar exprimirse sobre la ciudad. Según la previsión del tiempo hoy no acabaremos pasados por agua aunque el resto de fin de semana la lluvia seguro que nos acompaña. Qué más da, estamos en Sydney, una de las ciudades más apasionantes del mundo.
¿Cuál va a ser la primera visita?, lo habéis acertado, al Opera House. Nos ponemos a caminar dirección a los jardines Botánicos, antes de llegar pasamos por el muelle de Woolloomooloo, llamado Finger Wharf, donde vive la gente guapa de la ciudad. Los apartamentos de esta zona valen un ojo de la cara, eso lo descubrimos después viendo "Callejeros viajeros en Sydney"
A nosotros nos recordó al Moll de la fusta de Barcelona. De momento, lo que hemos visto nos gusta, sobretodo ver que el mar se integra en la ciudad. La gente es amable y nos indican el camino hacia el Opera House. Se nota que no somos de aquí, no por el aspecto sino por la cara de pasmados que llevamos; pasmados por lo desorientados y por lo que vemos. Nos gusta esta ciudad.
A seguir paseando. Entramos a los Jardines Botánicos y vemos las puntas del Opera House en el horizonte. Un grupo de turistas asiáticos se concentran en un mirador, debe ser allí desde donde se toman las fotos, le comenta Juan a Sonia. Pues sí, ahí la tenemos, el icono más representativo de Australia a los pies del puente del puerto, Harbour Bridge.
Desafortunadamente hoy no es un día muy luminoso y la luz está más bien apagada, que más da si nos encontramos en Sydney a escasos metros de una imagen que hemos visto centenares de veces. Juan le explica a Sonia que se empezó a enamorar de esta ciudad cuando siendo aún muy niño vio una etapa del concurso "A la Caza del Tesoro" de Miguel de la Quadra Salcedo que transcurría por las calles de esta ciudad; Juan tiene poca memoria para los recuerdos de su infancia pero los relacionados con los viajes son algunos de los que mantiene más frescos, ¿por qué será?
Click, click, unas fotos más desde todos los ángulos posibles. Seguimos adelante, dirigimos nuestros pasos hacia la opera. Los jardines se encuentran llenos de gente, madres con sus hijos, amantes camuflados bajo el refugio de un árbol, y abuelos disfrutando del paisanaje. Miramos con curiosidad a un grupo de abuelas que parecen traídas directamente desde Grecia. Con un pañuelo tapando su cabeza, ya mayores para retornar a su pueblo heleno pero orgullosas de sus raíces europeas. Los flujos migratorios procedentes de Europa de mediados del siglo pasado han formado esta gran nación.
Unos pasos más y ya nos encontramos delante de la obra que un arquitecto danés imaginó a finales de los años cincuenta. Las formas triangulares fueron innovadoras, impresionantes y rompedoras durante los años de su construcción. Según cuenta la historia los ciudadanos de Sydney se mostraron en contra de una construcción tan vanguardista; es más, el arquitecto jamás vio finalizada su obra ya que no le dejaron volver a entrar en el país. Que contradicciones tiene la vida, lo que en un principio fue considerado un horror hoy en día es la mayor atracción de Australia, qué complejos somos los seres humanos.
Accedemos al interior de la Opera y vemos que esta noche hay un concierto de la Filarmónica residente en este Liceo. Compramos un par de entradas por 35AUD cada una. Nos despedimos de la casa de la música y le decimos "nos vemos esta noche".
El ambiente en los alrededores de la Opera es atrayente, pero ya lo veremos en plena ebullición esta noche. Nos vamos a Circular Quay y allí cogemos el autobús 333 que nos lleva hasta la estación de trenes. Un autobús gratuito que une el muelle de Circular Quay con el centro de la ciudad. Es la hora de comer y nos paramos a tomar algo en el restaurante del mejor albergue que jamás hemos visto, además barato 8,50AUD la comida. El albergue Central de Sydney es sencillamente espectacular, en pleno centro de la ciudad y en un edificio histórico. Ya nos lo habían dicho, la red de albergues australianos es una de las mejores del mundo. Una vez comidos y bebidos nos dirigimos a China Town. Esto parece un trozo de China en las antípodas.
Por un momento nos sentimos transportados al Barrio Francés de Shanghai, "xie xie", "ni hao" ¡cuanto chino hay en Sydney! A parte del atractivo de los edificios llenos de caracteres chinos y de la gente de rasgos asiáticos, esta parte de la ciudad también alberga el mercado de Paddys. Un completo boulevard de fruterías y tiendas de recuerdos de todo tipo y a precio de chollo. Nosotros compramos algunos souvenirs que ahora se encuentran en nuestra casa y otros en casa de algunos de nuestros amigos. El paseo por este centro comercial estuvo bien, actuamos como unos buenos guiris.
A seguir caminando, como nos gusta mover las piernas. Nos vamos a Darling Harbour, pero antes hacemos una visita al Jardín Chino de la ciudad. Una representación de la hermandad entre el gigante asiático y Australia, una delicia de jardín. Bueno, para Juan no tan delicia, una garza posó parte de sus restos orgánicos en su jersey, ¿no dicen que eso trae suerte?
La tarde cae sobre la ciudad y la luna toma el protagonismo frente al sol. El atardecer lo pasamos sentados en Darling Harbour. En un ambiente bohemio y animado nos topamos con un concierto de música latina, un grupo mestizo de Colombia y Australia. Suena bien esta música, nos hace recordar de dónde venimos y también rememoramos nuestros viajes por latinoamérica, la tierra que nos vio nacer como "viajeros".
En un momento pasamos de la música latina a la música clásica. "Bienvenidos al Opera House, la función está apunto de comenzar, apaguen sus móviles y permanezcan en silencio, gracias". Una hora y media de concierto. Música en estado puro, violines, violas armónicamente sincronizados dando vida a la partitura de "London Calling".
Acaba la música y volvemos a la realidad de la ciudad. La lluvia cae con fuerza, empapados volvemos a Circular Quay. Juan se pone manos a la obra para descubrir que autobús nos llevará hasta Kings Cross, en breve llega nuestro medio de transporte nocturno. Por la tarde, y como somos previsores, ya habíamos comprado nuestro billete de autobús en un estanco, el trayecto por el centro cuesta unos 2AUD. Quince minutos de autobús, las luces toman los escaparates, la ciudad se ve envuelta por un halo especial. Desembarcamos de nuevo en Darlinghurst, los habitantes de la noche toman de nuevo la calle. Por fin en la habitación, hoy ha sido un día muy, muy largo. Hemos caminado durante muchas horas y estamos literalmente reventados. Caemos rendidos en la cama.
Pero antes de bajar la persiana a este día os explicamos una de nuestras historias freaks. De camino a la Opera pasamos por el edificio de la cadena de televisión 7. Hay algunas personas mirando por los cristales; ahí va, si están haciendo el Telediario en directo, que mona es la presentadora. "Hola, hola", la saludamos como unos "red necks", paletos en nuestro idioma. Por cierto, eso que dicen que la televisión engorda es bien cierto, la presentadora del tiempo estaba de más buen ver en directo que en la tele.
Good night Sydney.
Durante los dos días siguientes cayó el diluvio universal. El sábado por la mañana nos fuimos a Manly Beach. Desde Circular Quay parten los ferries que unen la ciudad por mar. Vaya diluvio y vaya mar más movido. Tomamos el primer ferry que sale, el billete de ida y vuelta costó 8AUD. Las olas mueven el ferry a su antojo, debe ser normal y esperamos que tenga buenas medidas de seguridad. Sonia se pone un pelín nerviosa, Juan como si nada, aunque la procesión va por dentro. Llegada a Manly y más lluvia. Calados de arriba abajo y sin mucho que hacer nos metemos en una tienda que tenía un aire "eco". Nos compramos algo de ropa, son productos de cáñamo, ¿se podrán fumar?
Tristes por no haber podido disfrutar de este rincón de Nueva Gales del Sur volvemos a Sydney. La entrada al muelle ofrece unas vistas espectaculares del Opera House y del Harbour Bridge, lástima que la bruma nubla el paisaje. Una recomendación, si venís a Sydney no hace falta que cojáis un barco turístico, con los ferries se puede disfrutar igualmente de las mejores vistas de la ciudad y además es más barato.
Este sábado se va a quedar en poco más, regresamos al Funky House. Una vez secos, nos pegamos una siesta, que ya nos conviene después de más de dos semanas de tralla. Por la noche nos vamos a la City Tower. El contraste de las luces de la ciudad con la oscuridad de la noche nos permiten ver lo extensa que es Sydney. La vista se pierde en el horizonte y aún se ven lucecitas. Buena despedida a este día pasado por agua. Sigue lloviendo, blup, blup, es el sonido que hacen nuestros calcetines después de caminar durante media hora bajo una intensa lluvia. A secarse que sino cogeremos un pasmo.
En Bondi Beach damos una vuelta, en la playa vemos algunos surferos y a los míticos vigilantes de la playa con su gorro característico. Otra de las imágenes de Australia, surf y vigilantes. En la playa se ha concentrado un grupo de activistas para reclamar la paz en el mundo, parece que no han conseguido mucho quorum pero ellos no desisten y siguen adelante con su iniciativa. Paseamos un rato más hasta que a las doce cojamos el autobús de vuelta, nuestro avión sale a las tres, tenemos tiempo. Nos paramos en una cafetería, los menús están escritos en español, que curioso, el plato estrella son los churros con chocolate que se hacen siguiendo una receta tradicional traída desde los madriles y olé.
Vaya parece que el autobús no acaba de pasar, finalmente lo cogemos y a eso de la una menos cuarto llegamos al albergue. Juan le comenta a la guapa canadiense que nos avise cuando pase el autobús que nos llevará al aeropuerto. Ella dice, "el autobús pasó hace una hora, esta noche han cambiado la hora". Joder, no es la una menos cuarto son las dos menos cuarto, en poco más de una hora despega nuestro avión destino Cairns. Corriendo pillamos un taxi, por suerte es domingo y el aeropuerto está cerca. A las dos y cuarto nos presentamos en la ventanilla de Virgin Blue. Para acabarlo de rematar, una vez pasado el control de acceso un policia, que casualmente era chileno, le realiza a Juan el control de explosivos. Hemos cogido el avión por los pelos. En el avión nos zampamos las samosas y el mutton biriani que tan ricamente nos íbamos a comer en el albergue.
See you Sydney.
Al principio os comentamos que íbamos a hablar del Funky Guest House. Vaya albergue más peculiar, las paredes están llenas de pinturas, originales y coloridas. El único pero que le vimos fue a la cocina, la limpieza no era su principal virtud. Mates limpiad la mesa cuando acabéis de llenaros el buche, dejadlo limpio para los que vienen detrás. Otra curiosidad, las ofertas de trabajo se anuncian por megafonía, "chicos hoy se necesitan dos tíos para trabajar en unas obras de demolición". En definitiva, ¿lo recomendamos? pues sí, si os gusta estar en pleno meollo y en un ambiente juvenil y desenfadado este es vuestro lugar en Sydney. Aunque, para nosotros "nada comparado" con el "Cutre Lodge" de Darwin.
Como despedida de esta magnífica ciudad nada mejor que una canción de Crowded House en el Opera House de Sydney para despedirse del mundo "Farewell to the World".
Seguiremos soñando, Don't dream it's over !!!


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