4/10/12

Paseo por las ciudades antiguas de Sri Lanka: Mihintale, Sigiriya, Dambulla y Kandy

Otro día en Sri Lanka, el cuarto y ya estamos destrozados. Por suerte hoy podemos levantarnos a una hora decente, desayunamos con calma y a las ocho y media pasa a recogernos Nimal con su furgoneta, como dice nuestro amigo David: "com uns sinyors". Para que vamos a negarlo, hemos evolucionado hacia unos mochileros aburguesados.

Primera parada Mihintale. 1800 escalones de subida hacia el cielo, paseo muy agradable hacia la dagoba y la piedra sagrada. Nos pasamos un par de horas dando vueltas por el recinto, hemos aprendido a ir sin prisas, ha costado.



Bajada de nuevo, en el camino vemos una imagen que vale mucho la pena comentar: un monje en un tuk-tuk hablando por el móvil, tradición y modernidad todo en uno. Por respeto no hicimos la foto, solemos ser muy cautelosos con estos temas.

Carretera y manta hacia el sur. Primera parada el Budha de Avukana. Estamos solos contemplando a un Budha de más de 12 metros de altura tallado en una roca, ESPECTACULAR! Parecemos enanos ante su majestuosidad. Este Budha no es muy visitado al no encontrarse al borde de la carretera principal. Por suerte, Nimal hace muy bien su trabajo y quiere que disfrutemos de su país al máximo. Como dicen por aquí "You happy, me happy".


Ya es casi la hora de comer, Sonia no perdona sus tomas. Paramos en un puesto al borde de la carretera, como no, Rice & Curry. Por lo que parece, la dieta no es muy variada, siempre es arroz con algo. Eso sí, todo muy bueno y muy barato, comemos por menos de un euro cada uno.
Seguimos camino de Sigiriya, con un poco de prisa que nos van a cerrar el acceso a la roca más famosa de Sri Lanka.

En Sigiriya dejamos las mochilas en el hotel Sigiriya View Resort. Estamos solos se nota que es temporada baja. Por 4000Rs dormimos y desayunamos y además nos regalan unas vistas de la roca espectaculares. Durante la cena Juan se introduce en el mundo del cricket, que si wickets, que si overs, que si single ... al final le acaba gustando y se animará a ver partidos del mundial T20.

 

Bueno, volvemos a unas horas antes para empezar nuestra aventura en Sigiriya. A eso de las cinco de la tarde entramos a los jardines de la ciudadela. Aviso a navegantes, la entrada cuesta 30USD. Debió ser espectacular en su momento de máximo esplendor. Subimos las escaleras y pasamos por la galería de los frescos, aquí Juan tuvo que lidiar con su vértigo. A continuación pasamos a la entrada de la Fortaleza de Sigiriya, las zarpas de un león nos dan la bienvenida. Unas escaleras más y ya estamos en la cima de la roca, vaya vistas. Se nota que este es el monumento más importante del país, estamos acompañados por rusos, chinos, alemanes, holandeses ...
El viento azota sin piedad y no permite que estemos cómodos del todo, además el griterio de los chinos tampoco ayuda.
Decidimos bajar de la roca seguidos por los últimos rayos de sol. Al reencontrarnos con las zarpas del león esperamos un rato para despedirnos en soledad de esta imponente fortaleza imperial.


Amanece un nuevo día en Sri Lanka, la visión de la roca de Sigiriya nos da los buenos días.
Un buen desayuno y a la carretera. A primera hora de la mañana hacemos parada en Dambulla para visitar el Rock Temple. Este fue el templo que más nos gustó y con diferencia. Cuevas con Budhas acostados y con multitud de Budhas en postura de loto. Muy espectacular y recomendable.





Entre los turistas ávidos de una foto de recuerdo se mezclan sinhaleses que suben al templo a realizar sus ofrendas y oraciones. Una chica alemana que conocimos el primer día ya nos los había dicho, Dambulla respira un aire especial, qué razón tenía.

Nos reencontramos con Nimal y camino sur hacia Kandy. En el camino paramos en un jardín de especias cerca de Matale. Si queréis que digamos la verdad, ni fu ni fa. Un poco rollo "la excursión de las mantas": yo te explico cuáles son mis especias y tu me compras unos potecitos que están muy por encima del precio normal. Ni compramos nada ni nos cayó nada bien el chico que nos dio la charla. Además, parte de las explicaciones ya las habíamos recibido en Kerala.

Llegamos a Kandy a mediodía. Nimal nos deja en el guesthouse St.Bridget's. Qué maravilla de casa, alejados del mundanal ruido de Kandy y rodeados de selva, y Juan que tenía dudas al principio. Por 2200Rs por noche, no pudimos estar mejor.
Nos aventuramos al centro de la segunda ciudad más importante del país, vaya follón. Ahora sí que agradecemos habernos quedado en casa de Pipi en St.Bridget's.


Nos hacemos hueco entre tuk-tuks, coches y gente y acabamos delante el templo del Tooth Relic, traducido, el templo de la reliquía del diente de Budha. Según la creencia, y para muchos la certeza, en el interior de este templo se encuentra el diente de Budha que se extrajo de la pira crematoria. Para la comunidad budista es un templo de peregrinación y devoción, nosotros no pudimos contemplar el momento de las ofrendas al diente, pero debe ser un momento de máxima exaltación religiosa.

Hoy vamos un poco apretados de tiempo, al atardecer vamos al Kandyan Art Center para ver los "coros y danzas" típicos de Kandy y del sur de Sri Lanka. En una hora nos hacemos una idea de la variedad cultural de país y descubrimos que las máscaras, que tan bonitas se ven en las tiendas de souvenirs, se utilizan en los bailes del sur como tratamiento psiquiátrico para espantar los malos espíritus. Cogemos un tuk-tuk y para casita a descansar.

Segundo día en Kandy, queremos visitar el Jardín Botánico y el orfanato de elefantes de Pinnevalla.
A primera hora cogemos un tuk-tuk que nos lleva entre el caos de la mañana al Jardín Botánico. Sonia, como buena enamorada de las plantas, disfruta mucho del paseo. Dos horas entre árboles y plantas propias de este país. Aunque, lo que más nos impactó fueron los cientos de zorros voladores que chirriaban en las copas de los árboles. Un paseo muy agradable que duró unas dos horas.


Regresamos al centro de Kandy, ahora en bus, y nos aventuramos a ir a Pinnevalla en autobús.
Realmente fue una aventura. Nos acercamos a la estación de autobuses que se encuentra justo a las afueras de la estación de trenes de Kandy. Autobús para Kegalle con parada en Kurandona Junction. Tardamos más de una hora en llegar a la Junction, ¡una hora para tan sólo 36 kilómetros! como vamos con el tiempo justo cogemos un tuk-tuk que nos lleve al orfanato. Pasa poco pero pasa, el conductor no nos lleva Pinnevalla sino a otro centro de conservación de elefantes. Será por la comisión que quería cobrar, será porqué quería "recomendarnos" una opción mejor, fuera por lo que fuera, no aceptamos su recomendación y le obligamos a que nos lleve hasta Pinnevalla, se resigna y nos lleva.


 Llegamos al orfanato y pagamos la entrada, 2000Rs. Nos acercamos al campo donde descansan los elefantes, una gran extensión con decenas de elefantes y elefantitos. En poco más de media hora se van a dar el baño diario, toda una experiencia. Nos acercamos al río y vemos en primera línea la llegada de los elefantes a su baño vespertino. Disfrutan como niños en el agua, muchos se dejan caer para cubrir todo su cuerpo, los más grandes enseñan a los pequeños. Nos pasamos más de una hora observando sus baños y sus juegos.



 La vuelta a Kandy fue fácil, cogemos el primer autobús que pasa y de vuelta a casa. Lo único malo es que tardamos más de dos horas en volver ¡la hora punta en Sri Lanka es horrorosa!

Nos quedamos con ganas de disfrutar del Kandy Perahera, tiene que ser espectacular ver a los elefantes engalanados y a toda la gente en la calle disfrutando del desfile. 


Para acabar nuestro día en Kandy nada mejor que una cena deliciosa en St.Bridget's, que maravilla. Por cierto, no sé si lo hemos dicho, pero os recomendamos esta guesthouse tanto por sus habitaciones tranquilas como por sus desayunos y cenas.


Finalmente, nos vamos a descansar pensando en las siguientes jornadas que nos esperan en Sri Lanka, el Hill Country es nuestra próxima parada.

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